¿Qué te motivó a ingresar a la política?
Desde muy joven quería ser monja; el tema del servicio es algo que traigo debmanera intrínseca. Después estudié Ciencias Políticas en la UAPEP y entendí que podía ser agente de transformación en mi comunidad, pero tuve que pasar personalmente algunos desaciertos antes de tomar esa decisión, me divorcié y me sentí rendida, derrotada, que había fracasado; tenía que sobreponerme y la manera de lograrlo era hacer lo que me gustaba desde que era joven que es el servicio, y encontré en la política el cauce para demostrarme que era una mujer que valía, no importaba que fuera una mujer divorciada con tres hijos, que podía realmente transformar mi colonia, mi municipio y ayudar a mi gente, y como había estudiado ciencias políticas, me involucré en ese ámbito.
Cuéntanos un momento en tu carrera que hayas tenido que romper el techo de cristal
Ha habido muchos, pero cuando inicio en la política como una ciudadana de a pie, no vengo de una familia rica o de políticos, entonces, al intentar avanzar, para muchos hombres era “no hay manera”; siempre me decían: “política pobre, pobre política”. Llegó el momento en que me cuestionaban mucho y me agredían diciendo “te acostaste con x” y más que cuestionar el intelecto, cuestionaban la vida personal. El ataque era de hombres. Llegó un momento en que siempre cuestionaban por qué estaba en el Partido del Trabajo y por qué era diputada, hasta que un día les dije: “Es muy fácil, el día que saquen la misma votación que yo he sacado como mujer —no fui una diputada pluri, me lo gané en territorio—, cuando me demuestren con trabajo y con votos su capacidad, podrán cuestionarme lo que quieran, mientras les exijo respeto a mi trabajo y mi persona”.
Ha sido un proceso fuerte y el más doloroso fue una campaña en el 18; mis hijos eran adolescentes y el ataque en redes sociales fue brutal contra mi persona; no tenían cómo atacarme en mi carrera política y se fueron contra mi persona, que si era mamá soltera, divorciada, y lo que me dolió fue que mis hijos vieran la agresión. Pero mis hijos saben la verdad de mi vida y son chavos fuertes a quienes les he ido enseñando que nadie sabe lo que vive sino nosotros mismos, entonces afuera puede haber gente que no esté de acuerdo con tu vida y es normal, y en ese momento les dije: no vean las redes sociales. A nadie nos gusta cuando ponen en tela de juicio tu carrera y tu persona, pero es un tema que pasamos algunas mujeres políticas, pero bendito Dios, la fuerza de familia me hace sobreponerme a estas cosas.
¿En tu ámbito de trabajo hay piso parejo entre hombres y mujeres?
No, aún no. Hemos dado un gran paso: hoy por primera vez, gracias a la presidenta Claudia Sheinbaum, las mujeres nos visibilizamos, demostramos que no solo podemos ser amas de casa, sino grandes profesionistas, empresarias.
Tenemos como reto romper esta cultura generacional, esta brecha que tenemos donde los hombres son los que toman las decisiones o las tomaban históricamente. Todavía nos falta romper esa brecha porque todavía sigue habiendo hombres que crecieron en esa época y, no es que estén mal, sino que así los educaron. Tenemos mucho por trabajar; tenemos que demostrar que no somos un número de una cuota 50/50, sino que habemos mujeres competitivas, trabajadoras, guerreras y resilientes.
¿Cuál es el reto de las mujeres en la política en este momento?
Nos falta confiar más en nosotras mismas. Hay muchas mujeres competitivas y capaces, pero dudan de su capacidad para poder ocupar puestos más importantes. Debemos creer en nosotras mismas y ayudarnos entre nosotras. A veces las mujeres somos nuestras propias enemigas. Nos falta valorarnos y ser solidarias como mujeres.

¿Cuál es el México que imaginas y el estado que imaginas?
Sueño con un país y un estado donde podamos caminar seguros, con tranquilidad, que nuestros hijos sean plenamente felices, donde los empresarios tengan trabajo, que la gente trabajadora y de bajos recursos tenga lo mínimo para salir adelante y, más aún, donde puedan alcanzar realmente la felicidad. Creo que los seres humanos, cuando vemos a nuestros hijos felices, que tienen una educación digna, un trabajo digno, que tienen una familia o solos, pero felices, entonces dices “lo logramos”. Sueño de todo corazón que Puebla siga brillando porque tenemos un estado rico en historia, en cultura, de gente súper guerrera; los poblanos somos grandes emprendedores y seres humanos.
¿Cuáles son tus afi ciones?
Cuando tengo tiempo libre, me gusta mucho leer; medito mucho; juego con mis hijos. Pasar el tiempo con mis hijos alimenta mi alma.
¿Qué te motiva, qué te mueve?
Cuando fui secretaria de Bienestar, me llenaba la sonrisa de los niños cuando les das algo, a pesar de que los ves que duermen en el piso, que no tienen zapatos; cuando les puedes robar una sonrisa, es una mezcla de sentimientos.

¿Quién te inspira?
Mis hijos son mi principal motor, mi inspiración, por lo que me he demostrado cosas que nunca pensé que fuera capaz de hacer.
¿Cuál es el espacio que te gusta?
Soy fan del bosque, todo lo que es naturaleza. En otra vida tuve que haber sido como un hada del bosque. Amo el bosque; crecí en un rancho, entonces me encantan los árboles, las flores, los animales. Uno de los momentos que más me ha encantado fue una vez que estuve en Coyomeapan —municipio de la Sierra Negra de Puebla—; hay unas cabañas junto al río y un año nuevo me fui yo sola a la mitad del río y me puse a meditar. Esa conexión con la naturaleza, con Dios, conmigo misma, es lo que me ayuda a no perderme, saber que estoy aquí para servir y para ser feliz.
Una reflexión final
No olviden que el amor es la fuerza que transforma; somos agentes de transformación, abrácense mucho y díganles a todos los seres que aman cuánto significan en sus vidas.

