En espera de que el Papa León XIV designe a su sucesor, Monseñor Víctor Sánchez Espinosa, comparte con Rostros su sentir antes de dejar la arquidiócesis que encabezó desde 2009, siendo el primer poblano que ocupa dicho cargo en su propia tierra: “Mi misión ha sido hacer un llamado a todos los sectores de la sociedad poblana a contribuir, cada uno en su ámbito, a la construcción de la paz y la regeneración del tejido social, teniendo a la familia como base y fundamento”.

¿QUÉ MENSAJE LE GUSTARÍA TRANSMITIR A LOS JÓVENES Y A LAS FUTURAS GENERACIONES?

A los adolescentes y a los jóvenes que son la generación marcada por los cambios sociales, culturales y tecnológicos y que, precisamente se plantean tantas preguntas y están en proceso de búsqueda de sentido, yo les diría: ¡Ánimo, no tengan miedo!
Les recordaría que Jesucristo está con nosotros como cimiento sólido y es quien realmente da sentido a la existencia humana y, por ser “el Camino, la Verdad y la Vida”, es en sí mismo la respuesta que el corazón humano anhela encontrar.
Hoy nuestros muchachos viven entre pantallas, ilusiones, desconciertos, ideales, miedos y esperanzas; pero quiero decirles que pueden encontrar en la fe en Dios un impulso para mirar el mundo y afrontar sus nuevos desafíos con esperanza.
Invito a los queridos jóvenes a que no sean solo consumidores de contenidos digitales, sino protagonistas de su propia historia, generadores de pensamiento y constructores de la paz. Cada uno tiene mucho que aportar a la Iglesia y a nuestra sociedad.

¿CÓMO CREE QUE LA IGLESIA PUEDE CONTRIBUIR A LA CONSTRUCCIÓN DE UNA SOCIEDAD MÁS JUSTA Y EQUITATIVA?

Considero que la Iglesia hace una gran aportación a través de su doctrina social con la cual promueve valores como la solidaridad, el bien común, la justicia social y la dignidad de toda persona, desde la concepción hasta su fin natural. Estos valores buscan que la sociedad tenga claro que toda persona tiene una dignidad inviolable, de la cual emanan los derechos humanos y los deberes del estado.
Ahora bien, esa doctrina debe llevarnos a la acción concreta; por ello la Iglesia es la institución que más ayuda brinda a nivel mundial, apoyando a personas vulnerables como enfermos, abandonados, migrantes, o quienes sufren por la pobreza, la violencia o el desamparo. Particularmente estoy muy contento por la labor de Cáritas diocesana y parroquial, lo mismo que el Banco de Alimentos, los comedores Palafox que entregan cada día comida caliente y tantas otras iniciativas de misericordia.
Estoy convencido que, cuando la Iglesia promueve la acción social en forma de caridad, inspira, une y contribuye a la recomposición del tejido social y a la paz que tanto anhelamos. Finalmente, creo que también aporta a través de su acción profética, difundiendo el Evangelio y formando las conciencias con criterios que animen a la participación ciudadana para superar la indiferencia ante el sufrimiento de los hermanos.

¿CÓMO CREE QUE LA ORACIÓN Y LA MEDITACIÓN PUEDEN AYUDAR A LAS PERSONAS A ENCONTRAR SENTIDO Y PROPÓSITO EN LA VIDA?

Lo primero es recordar que la oración no es una simple repetición de palabras, sino un verdadero encuentro con el Señor que sana, transforma y renueva la vida de los creyentes. Es un diálogo de persona a persona con aquel que nos dio el ser, que nos conoce, nos ama y guía nuestras vidas.

De este modo, podremos entender mejor que no somos una casualidad, sino que somos un misterioso plan de Dios. Por ello, resulta importante pedir al Señor luz para nuestros pasos, guía para tomar las mejores decisiones y su asistencia para conocer cuál es nuestra misión en el mundo. Gracias a la oración muchos santos han descubierto que su historia personal estaba llamada a ser parte de una historia más grande, la historia de la Iglesia y del proyecto salvífico de Dios. Pero no olvidemos que la oración no solo se trata de hablarle a Dios, sino también guardar silencio para escucharlo, percibir su voz y dejarnos conducir por Él.

 

EN LA ACTUALIDAD, CON ENFRENTAMIENTOS Y VIOLENCIA ¿QUÉ SIGNIFICA LA FE Y CÓMO DEBERÍAMOS VIVIRLA EN LA VIDA DIARIA?

Lo primero es reconocer que la fe no es algo que se viva al margen de la realidad o que solo debe quedarse al interior de los templos. Ante todo, es relación con aquel que sustenta nuestra vida y está con nosotros; precisamente en tiempos difíciles, de violencia, incertidumbre y dolor, es cuando la fe se puede convertir en fermento de paz, de reconciliación, de unidad y de esperanza.
Si queremos verdaderamente la paz en nuestra sociedad, debemos iniciar por la paz en nuestros corazones; aquí la fe nos ayuda, a través de la espiritualidad, a pedir por las víctimas y la conversión de los victimarios. Nos ayuda a pedir a Dios un corazón nuevo que perdone, libre de odios y resentimientos, para cultivar actitudes de misericordia con el prójimo.
En segundo lugar, recordemos que la fe se vive también en nuestras familias y parroquias; que éstas sean escuela de misericordia, casa de encuentro y diálogo para que se constituyan en redes que sostengan a quienes anhelan la justicia. Recomiendo mucho la oración en familia, la asistencia a la Santa Misa y la participación en iniciativas de formación cristiana y caridad.
Finalmente, la fe puesta en práctica debe llevarnos a sembrar valores que nos motiven a defender la vida y la dignidad humana, rechazando males sociales como la corrupción, la impunidad, el odio y las polarizaciones, teniendo siempre como modelo a Cristo.

¿QUÉ MENSAJE LE GUSTARÍA TRANSMITIR A LOS POLÍTICOS Y LÍDERES DE LA SOCIEDAD?

A lo largo de mi ministerio episcopal he tenido la oportunidad de encontrarme con personalidades de diferentes sectores y reconozco que cada uno, desde su ámbito, va aportando al progreso social, lo cual agradezco de corazón.
A los políticos y líderes sociales les pido que sean cercanos a la gente, que no se olviden de la centralidad de la dignidad humana y del respeto a la vida en todas sus etapas, recordando que las políticas públicas no solo se deben enfocar en logros económicos, sino sobre todo en propiciar que la sociedad sea más humana, justa, solidaria y culta.
Los invito a buscar espacios de encuentro y diálogo entre los diferentes actores sociales para superar las polarizaciones y construir la paz a través de la mutua comprensión.
Les pido que sean ejemplares e imparciales en el ejercicio del poder, que nunca vendan su conciencia ante las ideologías y sean coherentes con sus valores. Que nunca renuncien al bien, a la verdad y a la justicia por falsos respetos humanos y que defiendan la libertad religiosa y de conciencia, pues la fe tiene que ver con la vida misma en todos sus ámbitos.


¿QUÉ HA SIDO LO MÁS GRATIFICANTE DE SU CARRERA COMO ARZOBISPO DE PUEBLA?

Son muchas las experiencias que el Señor me ha concedido y que llenan de paz mi corazón.
He podido recorrer varias veces la Arquidiócesis y cada una de sus más de 330 parroquias para llevarles la Palabra de Dios y un mensaje de esperanza. Dios me ha concedido ordenar a 166 sacerdotes del clero angelopolitano y 12 diáconos permanentes; me da mucha alegría ver a los que se formaron en nuestro Seminario Palafoxiano oficiando en las distintas comunidades.
También es una gran satisfacción haber enviado a un numeroso grupo de sacerdotes a estudiar especializaciones al extranjero, pues para mí es una prioridad la formación de los agentes de pastoral. El Señor me concedió erigir más de 60 nuevas parroquias, viendo cómo la Iglesia en Puebla va creciendo en su población y dinamismos. He tenido especial atención a las iniciativas de misericordia en favor de los más vulnerables, como el Banco de Alimentos, Cáritas y los Comedores Palafox.
Finalmente, me llena de alegría ver cómo la gente ha respondido a iniciativas como la Procesión del Viernes Santo y las distintas festividades; que todo sea para gloria de Dios y bien de la Iglesia.

 

¿QUÉ DESAFÍOS HA ENFRENTADO EN SU CARGO Y CÓMO LOS HA SUPERADO?
Sin duda, un obispo enfrenta numerosos desafíos. Un primero fue la extensión territorial de la Arquidiócesis, pues para visitar las más de 330 parroquias se requieren horas en carretera; aunque cuento con el apoyo de 6 vicarios episcopales, yo mismo he querido hacerme presente y cercano en todas las comunidades.
Otro reto ha sido el proceso global de secularización marcado por el alejamiento de Dios; por ello consideré prioritarios los procesos formativos para renovar el ímpetu misionero y llevar a Cristo a cada rincón.
Un desafío preocupante también ha sido el de la violencia; en mis visitas pude escuchar las voces de fieles aquejados por la criminalidad, por lo que mi misión ha sido hacer un llamado a todos los sectores a contribuir a la construcción de la paz y la regeneración del tejido social, teniendo a la familia como fundamento.
También considero desafiantes a las ideologías que atacan directamente a la familia y a la vida; por ello, he realizado llamados constantes a valorarla no como problema sino como verdadera solución para fortalecer los vínculos y los procesos de formación en valores.

¿QUÉ VISIÓN TIENE PARA LA IGLESIA CATÓLICA EN PUEBLA EN LOS PRÓXIMOS AÑOS?
Una vez presentada mi renuncia al gobierno de la Arquidiócesis, como lo manda el Código de Derecho Canónico al cumplir 75 años de edad, el Santo Padre León XIV deberá proveer para esta Iglesia angelopolitana a su nuevo arzobispo.

Mi prospectiva es alentadora, pues Puebla ha crecido en sus dinamismos pastorales y así habrá de continuar si somos dóciles al Señor. Es evidente que hay numerosos retos, pero lo primordial es conservar la esperanza, que es Cristo. Los obispos tratamos de ser fieles administradores, pero es Él quien guía y cuida a su Iglesia.

Yo solo les pediría a los sacerdotes y agentes de pastoral que caminen hombro con hombro con su nuevo arzobispo en colaboración, respeto y obediencia, reconociendo que el Espíritu Santo le asistirá para afrontar las nuevas realidades sociales, tecnológicas y culturales. Creo que Dios suscita al arzobispo indicado en el momento indicado de la vida de nuestra iglesia Angelopolitana.