Meghan Markle cambió su estado civil para convertirse en la duquesa de sussex al contraer matrimonio con Enrique de Inglaterra, sexto en la línea de sucesión al trono, pero también se casó figuradamente con su familia, los Windsor, la monarquía más poderosa y mediática del mundo. 

La vida de Markle había empezado a cambiar meses antes, desde su noviazgo y más tarde por su compromiso, pero con su incorporación oficial a la familia real británica su rutina ha cambiado para siempre. Para empezar hay una serie de cosas que no podrá hacer, más frívolas o más formales. Esto es lo que se ha acabado para Meghan Markle.

Actuar

En diversos perfiles y entrevistas, la ya duquesa ha confesado que desde niña quería ser actriz. No le ha sido fácil conseguir una carrera profesional de éxito: ha pasado por trabajos de azafata, anuncios, películas de serie  y papeles diminutos con apenas tres palabras de texto. Su gran oportunidad llegó con la serie Suits, donde logró un papel protagonista durante seis temporadas, pero eso se acabo, Meghan no podrá volver a ser actriz al incorporarse a las tareas oficiales de la familia real británica.

Votar

Markle todavía no es ciudadana británica; tendrá que pasar un proceso largo, de al menos cinco años desde que viva en Reino Unido, y bastante latoso. Sin embargo, aunque forme parte del país, no podrá votar en él. Según la web del parlamento británico, “no está prohibido por ley que la familia real vote, pero se considera inconstitucional”.

Llegar tarde, decidir cuándo come, cuándo se levanta de la mesa o cuándo se va a la cama

La reina ha de ser la última en decidir todo, claro siempre que esté presente: nadie puede entrar en un sitio después que ella, pero a su vez siempre será la primera en irse a la cama. Algo similar pasa con la comida: Meghan y todos los demás tendrán que esperar a que la reina coma para empezar, y una vez que ella acabe no podrán seguir comiendo.

 

Hacerse ‘selfies’

A la reina Isabel II no le gustan los selfies. Lo desveló a los medios británicos Matthew Barzun, ahora exembajador de EEUU en el Reino Unido, que explicó que, en los eventos a los que acude, a la reina “le gusta saludar a la gente y tener conversaciones con ellos”.

Pintarse las uñas de colores fuertes

En su boda con el príncipe Enrique, la duquesa de Sussex hizo un guiño a la reina Isabel II y llevó su color de uñas favorito, el tono Ballet Slippers de la marca Essie. Un rosa empolvado muy delicado y clásico que casa muy bien con un vestido de novia como el suyo. Sin embargo, no será la última vez que la veamos llevando las uñas de ese tono o de uno similar, puesto que las mujeres de la realeza no llevan colores fuertes. Otra cosa es que ella se salte el protocolo, claro…

Llevar zapatos de cuña

Poco después de casarse con el príncipe Guillermo, Kate, duquesa de Cambridge, usaba cuñas de esparto con asiduidad. Sin embargo, dejó de calzarlas poco después y las cambió por sandalias, tacones o mocasines. Aunque a otros miembros de casas reales se les ve con ellos en muchas ocasiones, no la busquen en actos oficiales en  Kate… ni, por lo que se ve, en Meghan. 

Llevar faldas muy cortas o las piernas al aire (o cruzarlas)

En su primera aparición pública tras su boda, el look de la duquesa de Sussex llamó la atención por sus medias, transparentes pero con un toque blanquecino que hacía que sus piernas parecieran incluso más claras que las de su casi suegra, Camila de Cornualles. Se debía a sus medias, puesto que las mujeres de la familia real no deben llevar las piernas al aire por protocolo, de ahí que siempre lleven medias, aunque sean finas. Ocurre igual con cruzarlas o las faldas cortas: para evitar que se vea más piel de la deseada se pide recato, mucho recato

Firmar autógrafos

En sus primeros actos junto a su entonces prometido, Meghan Markle sonreía a la multitud, les estrechaba la mano y se acercaba a ellos para hacerse fotos y firmar autógrafos. Eso se acabó, puesto que los miembros de la familia real británica no tienen permitido firmar autógrafos, supuestamente porque sus firmas pueden ser copiadas. De hecho, si escriben en un libro de firmas suelen usar solamente su nombre de pila. El príncipe Carlos hizo una excepción en 2010 con una familia que había sufrido inundaciones.