Ivanna, como representante de Hidalgo, ¿qué significa para ti promover la riqueza turística del estado y ser embajadora de su identidad cultural?
En cada lugar al que voy, me gusta dejar algo que las personas se lleven consigo.
Y hoy, como representante de Hidalgo, lo que quiero transmitir es que realmente somos afortunados de contar con un invaluable patrimonio cultural.
Significa sentirme orgullosa de pertenecer a un estado con una riqueza cultural muy vasta, sobre todo por contar con pueblos y lugares maravillosos.
De igual manera, significa dar a conocer y difundir nuestras costumbres y tradiciones, con el objetivo de atraer turismo y generar una derrama económica para nuestro estado.
Como embajadora de nuestra identidad cultural, significa alzar la voz por nuestros pueblos originarios, porque hoy el turismo no solo se trata de admirar pueblos y paisajes, sino de entender de dónde venimos, qué nos sostiene y qué historia hay en cada lugar y en cada hidalguense.
Proveniente de San Bartolo Tutotepec, un lugar lleno de tradición y belleza natural, ¿qué hace único a tu municipio y por qué todos deberían visitarlo?
San Bartolo Tutotepec tiene mucho que ofrecer a quienes lo visitan, porque conserva tradiciones profundamente arraigadas como Todos Santos y el carnaval. Es un lugar con una identidad cultural muy fuerte, pero sobre todo con gente cálida, que te enseña con el ejemplo el valor de la humanidad y la resiliencia.
Su riqueza natural se hace presente en sus grutas, ríos y montañas, así como en el exconvento de Tutotepec, cuyo nombre en náhuatl significa “cerro de aves o pájaros”.
Y, por supuesto, su gastronomía es parte esencial de lo que lo representa: el trabuco, el mole y el café. Creo que eso es lo que hace realmente especial a San Bartolo… hay que vivirlo.

Crecer en San Bartolo Tutotepec, en el corazón de la región Otomí-Tepehua, seguramente ha marcado tu identidad. ¿Qué tradiciones, valores o enseñanzas de esta región viven en ti?
Sí, definitivamente crecer en la región Otomí-Tepehua ha marcado mi vida y lo que soy. Me formé en un entorno donde valores como el respeto a la naturaleza, la empatía y la solidaridad me han permitido tener ese sentido de pertenencia a mi lugar de origen, ya que estos valores están presentes en mi persona.
Pero, sobre todo, siempre llevaré conmigo el ser una mujer indígena. Tal vez no hablo la lengua original o no visto la indumentaria tradicional, pero practico las costumbres y tradiciones de mi pueblo. Y como lo establece el artículo 2 de nuestra Constitución, se reconoce como indígena a toda persona que nace, crece y se identifica con una comunidad indígena.
Es por ello que me siento profundamente orgullosa de mis raíces; eso es lo que vive en mí.

San Bartolo Tutotepec es reconocido por ser una importante zona cafetalera. ¿Qué significa para ti esta conexión con la tierra y cómo describirías la experiencia de su café a quienes aún no lo conocen?
El café ha sido un tema muy importante, no solo para San Bartolo Tutotepec, sino para toda la región Otomí-Tepehua, ya que durante muchos años fue un detonante económico.
Vivir en una zona cafetalera te permite valorar todo lo que hay detrás, incluso en algo tan cotidiano como despertar con el aroma de un buen café. Más allá del sabor, la experiencia del café está en eso: en todo lo que representa, en el trabajo de las familias y en la conexión tan directa que existe con la tierra.
Es por ello que aún se cosecha de una forma tradicional, donde los habitantes realizan el proceso desde el corte del grano, despulpar, secar, tostar y moler. Esto representa una manera de vivir en esta zona.
Más allá de los paisajes, el turismo también se trata de emociones. ¿Qué te gustaría que las personas sintieran al visitar Hidalgo por primera vez?
Efectivamente, el ser humano es un cúmulo de emociones, sensaciones y sentimientos. Me encantaría que quien visite Hidalgo por primera vez se lleve esa sensación de conexión, de haber estado en un lugar auténtico donde la cultura y la tradición siguen vivas.
Que sientan la tranquilidad al estar en contacto con la naturaleza; alegría y felicidad al convivir con su gente; orgullo y respeto por la riqueza cultural, pero, sobre todo, que se lleven un verdadero aprecio por lo que es Hidalgo.
Y que más allá de una visita, sea una experiencia que los invite a regresar, porque Hidalgo no solo se conoce… se siente y se queda contigo.

Como Miss Hidalgo 2026, ¿qué iniciativas o proyectos te gustaría impulsar para fortalecer el turismo en el estado?
Como Miss Hidalgo 2026, me gustaría impulsar un turismo más actual y más conectado con las personas.
Hoy en día, las redes sociales y el marketing digital son una de las principales formas en las que la gente descubre nuevos destinos, y bien utilizadas pueden convertirse en una herramienta muy poderosa para mostrar lo que realmente es Hidalgo.
A partir de ahí, creo que es importante fortalecer lo que ya tenemos: nuestros Pueblos Mágicos, el ecoturismo, y la difusión de eventos culturales que forman parte de nuestra identidad.
No se trata solo de atraer visitantes, sino de proyectar un estado auténtico, bien cuidado y con una oferta diversa.
Hidalgo es un destino lleno de contrastes, desde sus paisajes naturales hasta su gastronomía. ¿Cuáles son tus lugares y experiencias favoritas que recomendarías vivir al menos una vez?
Cuando hablamos de Hidalgo, no hablamos solo de un destino, hablamos de experiencias que se sienten y que se quedan en el corazón.
Más que recomendar un solo lugar, invitaría a vivir un recorrido por su diversidad: desde la majestuosidad de los Prismas Basálticos, hasta la energía natural de la Huasteca Hidalguense, con sus ríos, cascadas y paisajes que te conectan con lo más esencial.
También recorrer sus Pueblos Mágicos como Huasca de Ocampo, Real del Monte o Mineral del Chico, donde la historia, la arquitectura y la naturaleza se mezclan de forma única, además de descubrir su riqueza cultural en zonas como Zimapán o Metztitlán, que resguardan paisajes y tradiciones impresionantes.

Vivir la experiencia de relajarse en las aguas termales de Grutas de Tolantongo, contemplar la grandeza del Reloj Monumental de Pachuca, o adentrarse en la riqueza cultural de la Sierra Otomí-Tepehua, donde las tradiciones, la lengua y la identidad siguen vivas.
Y por supuesto, su gastronomía: desde una barbacoa tradicional, los pastes, los escamoles o el pulque, porque cada sabor es parte de nuestra historia e identidad.
Pero más allá de los lugares, lo que realmente recomendaría es conectar con su gente, con sus comunidades y su esencia, porque ahí es donde verdaderamente se entiende Hidalgo.
Hidalgo no solo se visita, se vive… y quien lo vive, se lleva una parte de él para siempre.

